"Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta." M. J . de Larra
Imposible sustraerse a los pensamientos que vierte don Mariano en todos sus escritos, de unas palabras que rezuman sufrimiento; sufrimiento de una vida que se pondría la noche del 13 de febrero de 1837. Quisiera empezar mi andadura en este blog con una más esperanzadora entrada, pero no debemos olvidar que poco hay más esperanzador que el sentimiento que yace bajo un desgraciado acontecimiento. Es frente al sufrimiento cuando hombres y mujeres recapacitamos y somos capaces de enfrentarnos a nuestro futuro con fuerzas renovadas, habiendo aprendido de los errores.
Tórnase indispensable dedicar una breve reseña a la figura de Fígaro aprovechando de la celebración del bicentenario de su nacimiento, dada la indispensable contribución de su obra a la literatura española del siglo XIX y, en consecuencia, de los venideros. Cuando Mariano José de Larra nace el 24 de marzo de 1809, en un Madrid ocupado por el ejército de Napoleón, hacía ya casi un año que había empezado la Guerra de la Independencia. Vemos cómo las circunstancias históricas marcan los acontecimientos personales de su infancia: hijo de notorio afrancesado, a los cinco años tiene que salir al exilio con sus padres, a Francia. En carta dirigida a su padre relaciona la angustia vital iniciada en aquellos años de su adolescencia con las circunstancias políticas actuales de la guerra carlista: "hasta ahora no he visto nunca delante de mí un horizonte bueno, y ahora empiezo a verlo malo si triunfa D. Carlos". Es sobrecogedor este desahogo referido retrospectivamente al muchacho de 1826, abriendo una continuidad vital iniciada en la adolescencia, con desavenencias familiares, cuando domina el ambiente represor del Absolutismo en "medio de esta oscura noche intelectual", al decir de Mesonero Romanos. Se anuncia ya la desesperanza y la melancolía de su visión de Madrid como un cementerio, pocos meses antes de su suicidio. A lo largo de su obra la desazón existencial se manifiesta siempre en función de la desesperanza política. En este punto quisiera detenerme para subrallar la actualidad del Pobrecito Hablador en estos tiempos de desazón provocada por una política insulsa y carente de respuestas que ofrecer a los ciudadan@s de este incipiente siglo XXI. Hoy, más que nunca, debemos revisar las anotaciones de Larra con el fin de tratar de entender qué nos ha conducido a esta lamentable situación en la que la corruptela política empaña las aspiraciones de mejora (en investigación, en cultura en definitiva) de un país en constante desarrollo y con un largo camino por delante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario